Primeras impresiones y consejos si vas a usar uno prestado

Ha pasado más de un mes desde mi última publicación en Borippon. La vida se ha movido rápido, entre compromisos familiares, trabajo y nuevas experiencias dentro y fuera del dojo. Pero, aunque no haya escrito en este tiempo, el kendo ha seguido muy presente en mi vida.

Hoy retomo el blog con una historia muy especial: la de mi primer set de bogu. Un momento que marcó un antes y un después en mi camino como practicante, y que quiero compartir contigo por todo lo que ha significado y todo lo que he aprendido desde entonces.

A finales de febrero recibí por primera vez un set de bogu. Fue un momento muy especial, tanto para mí como para mi hijo, porque marcaba un nuevo paso en nuestro camino en el kendo. Ese día, sensei llegó al dojo con una caja grande y nos llamó a los dos antes de comenzar la clase. Nos explicó que el club tenía varias piezas de bogu donadas por antiguos practicantes, y que nos ayudaría a probarnos algunas para encontrar las que mejor se ajustaran a nosotros.

El proceso fue muy ameno. Sensei nos guió paso a paso sin apresurarnos, explicando el propósito de cada pieza, la manera correcta de ponérsela y cómo guardarla después de la práctica. Esa clase fue dedicada a nosotros, para ayudarnos a integrar la experiencia de usar bogu por primera vez. Sentí mucha emoción y también un profundo sentido de gratitud. En mi caso, el bogu que recibí había pertenecido a una mujer japonesa que practicó con nuestro club por un tiempo. Saber que lo usó otra mujer antes que yo, y que ahora me toca cuidarlo y continuar su legado, me inspira profundamente.

En nuestro dojo, desde el primer día, el sensei nos explicó que los equipos de kendo pueden ser costosos, pero que no nos preocupáramos por eso al principio. Durante los primeros meses no son necesarios, y cuando llega el momento adecuado, el club tiene un programa de préstamo de equipos para apoyar a quienes comienzan. Esto permite que nuevos practicantes se integren sin que el costo sea una barrera, y que puedan experimentar el uso del bogu antes de hacer una inversión mayor.

En mi experiencia, comenzar con un bogu prestado no solo es práctico, sino ideal: uno necesita tiempo para entender qué tipo de equipo se ajusta mejor a su cuerpo y estilo. Además, en nuestro club, la cultura es de apoyo mutuo y respeto. Todos comprenden lo que implica comenzar este camino, y existe un fuerte compromiso de ayudarse unos a otros.

Ahora, hablemos de las primeras impresiones al usar el bogu

De todas las piezas, los kote (guantes) fueron lo más difícil de manejar al principio. Me costaba mantener un buen agarre del shinai, y todavía estoy en proceso de acostumbrarme. Pero lo que más me sorprendió fue el men (el casco). Nunca me imaginé que sería tan pesado. La primera vez que me lo amarraron sentí como si la cabeza se me fuera hacia el frente. Esa sensación fue una llamada de atención: me di cuenta de que necesitaba fortalecer mi cuello y mejorar mi condición física general. Desde entonces, comencé a hacer ejercicio todos los días, con enfoque en fuerza y resistencia.

Al recibir un bogu prestado, también me encontré con algunos retos de ajuste. El men que recibí fue diseñado para una mujer con la cara más alargada, así que el mengane (rejilla frontal) no alineaba bien con mis ojos. Lo resolví instalando unos pads interiores: usé un set de pads para casco balístico que ya tenía en casa, y los fijé con velcro y un poco de pega caliente. Ahora el men me queda mucho mejor, y los pads son removibles para poder lavarlos. En mi caso, dos pads en la parte superior fueron suficientes para lograr un buen ajuste.

Otro aspecto importante fue la limpieza y el cuidado del bogu. Al recibirlo, hice una limpieza profunda: aspiré los kote por dentro y limpié las otras piezas con un paño levemente humedecido en una solución de alcohol, agua y unas gotas de aceites esenciales (tea tree, lavanda y menta). Como el bogu está hecho de materiales delicados que no se pueden lavar, es esencial ventilarlo bien después de cada práctica, evitando la luz solar directa. En mi caso, para mantener el orden y asegurar una buena ventilación, mi esposo me ayudó a construir una estación de almacenamiento en casa: unas tablillas con ganchos para colgar cada pieza del bogu y un tubo para los uniformes y obi. Es funcional y bonito.

Finalmente, uno de los valores más importantes en el kendo es REI: el respeto. Y eso también se demuestra en el cuidado que le damos a nuestro equipo. Hay quienes dicen «cuídalo como si fuera tuyo», pero yo prefiero decir:

Cuídalo como si después de usarlo quisieras regalárselo como una ofrenda a la persona más importante de tu vida.

Desde que comencé a usar el bogu, mi práctica se ha vuelto más compleja, retante y divertida. Ahora no solo aprendo a ejecutar cortes, sino también a recibirlos y a bloquear. Como motodachi (el que recibe los cortes mientras otro practica una técnoca), estoy aprendiendo a controlar el impulso de evadir y a mantener un ritmo constante para apoyar al kakarite (el que ejecuta/practica la técnica). Este set de bogu representa para mí la confianza que el sensei y mis compañeros han depositado en mí y en mi hijo. Es un recordatorio visible de que no estamos solos en este camino.

A quienes sienten miedo, presión o nervios por comenzar a usar el bogu, les digo: confíen. Confíen en las instrucciones del sensei, en el proceso, y sobre todo en ustedes mismos. Cada etapa del kendo trae consigo un nuevo reto, pero también una nueva versión de uno mismo. Reciban cada experiencia con apertura y curiosidad. Así, poco a poco, se va construyendo la maestría.

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