Cuando empecé Kendo hace unos meses, sabía que iba a ser un camino de aprendizaje lento. No tenía expectativas irreales sobre mi progreso, y desde el principio acepté que iba a «suckear» con propósito (por un buen tiempo). Pero, lo que no anticipé del todo, fue lo que realmente significaría tener paciencia en esta disciplina.

Hace poco tuve una conversación con mi hijo, quien también practica Kendo, sobre la frustración que sentía al no ver avances tan rápidos como esperaba. Me compartió que, aunque lleva más de tres meses practicando, siente que aún no es bueno en nada. Se ha dado cuenta de que Kendo es más difícil de lo que imaginaba y que el progreso es lento y demandante.

Mientras lo escuchaba, me di cuenta de que está experimentando un proceso natural por el que todos pasamos en Kendo y en la vida en general. Esta conversación me llevó a reflexionar sobre lo que yo misma he aprendido sobre la paciencia en este arte marcial y cómo este concepto va más allá del dojo.

Pequeñas señales de progreso que lo cambian todo

A pesar de que en Kendo el progreso puede sentirse casi imperceptible, hay momentos en los que nos damos cuenta de que algo ha cambiado. Uno de esos momentos para mí fue cuando noté una mejora en mi fumikomi. Al principio, me costaba hacer que mi pisada sonara correctamente, y muchas veces perdía el balance. Pero un día, sin darme cuenta, lo hice con firmeza y el sonido salió limpio. Fue un cambio sutil, pero significativo. Era una confirmación de que, aunque el avance sea lento, siempre que practique con intención, mejoraré.

Le conté esto a mi hijo y le hice una pregunta:
«¿Recuerdas cómo fue tu primera clase? ¿Qué cosas te resultaban difíciles que ahora haces sin pensar?»

Al reflexionar, él mismo se dio cuenta de que sí había progresado. Su postura es más firme, su kiai es más fuerte, y aunque aún le cuesta algunas cosas, no es el mismo kendoka de hace tres meses.

La paciencia en Kendo: una lección de vida

En Kendo, no se trata solo de aprender técnicas, sino de atreverse a fallar una y otra vez hasta lograr hacerlo bien. Esta idea ha cambiado mi forma de ver el progreso. Ahora sé que mejorar está garantizado siempre y cuando:

  1. Asista a clase de manera consistente.
  2. Me presente con una buena disposición para aprender.
  3. Me atreva a intentarlo una y otra vez, a pesar del fracaso.

Cada kendoka tiene fortalezas y desafíos distintos. En mi caso, noto que tengo cierto grado de precisión en los golpes, mientras que mi hijo, por su parte, tiene un espíritu fuerte con el que manifiesta mejor su postura y vocalización. No importa cuánto talento natural tenga alguien, la verdadera clave para mejorar en Kendo es la perseverancia.

Mi lema personal se ha convertido en:
«Solo tengo que vencer a la persona que fui la clase pasada.»

Este mantra me recuerda que mi progreso debe medirse contra mi propio desempeño y no contra el de otros. También me ayuda a reflexionar después de cada práctica: ¿qué me funcionó?, ¿qué puedo mejorar?, ¿cómo quiero hacerlo la próxima vez?

La «carrera» de un kendoka: un viaje de por vida

Uno de los mayores aprendizajes que he tenido en estos meses es que Kendo no es solo un deporte o un pasatiempo, sino un camino de vida. Según la All Japan Kendo Federation, el propósito del Kendo es moldear el carácter humano a través de la espada, cultivando disciplina, respeto y un espíritu fuerte.

A lo largo de los años, los kendokas pasan por diferentes fases de aprendizaje. Un artículo que leí recientemente en Kenshi 24/7 habla sobre el «ciclo de vida del Kendo», explicando cómo la relación con la disciplina cambia con la edad:

  • En la infancia, se aprenden las bases y la etiqueta.
  • En la juventud, se adquieren técnicas y se desarrolla resistencia.
  • En la adultez, se profundiza en el espíritu y la mentalidad del Kendo.
  • En la madurez, se perfecciona el arte y se transmite a las siguientes generaciones.
  • En la vejez, se convierte en una vía para la introspección y el legado.

Algo interesante que menciona este artículo es que el progreso en Kendo no está necesariamente ligado a los grados (dan), sino a la evolución personal del practicante. Lo que, para mí, apunta a que la paciencia es clave para alcanzar la verdadera maestría pues habrán destrezas que sólo afloraran con el tiempo y la madurez.

Cómo ayudar a los niños (y a nosotros mismos) a desarrollar perseverancia

Ser principiante en cualquier disciplina puede hacernos sentir incómodos. Como adultos, hemos aprendido a gestionar mejor esa sensación, pero los niños aún están desarrollando esa habilidad.

Para ayudar a mi hijo a no desmotivarse, he usado herramientas que aplico en mi trabajo como coach profesional:

Conversaciones reflexivas: En lugar de darle una solución rápida, le hago preguntas que lo llevan a identificar por qué se siente así y qué puede hacer al respecto.
Cambio de perspectiva: Le muestro su progreso en áreas que quizás él no ha notado.
Validación y apoyo: En nuestro dojo, el sensei y los senpai siempre refuerzan lo que los principiantes están haciendo bien, además de señalar en qué mejorar. Este tipo de ambiente es crucial para mantener la motivación.

Creo que, como padres, es importante estar involucrados en las actividades de nuestros hijos y asegurarnos de que estén en ambientes sanos, donde se fomente la paciencia y la confianza en el proceso. También es esencial ayudar a los niños a entender que sí es importante que les guste o apasione lo que hacen (cuando se trata de un hobbie o deporte), pero el que sólo les guste no es suficiente. Tienen que desarrollar compromiso, pues es lo que les ayudará a sobrellevar los vaivenes de las emociones y la motivación.

Al final del día, la perseverancia se construye entendiendo que el aprendizaje no es lineal. Habrán días buenos y días frustrantes, pero lo importante es seguir adelante.

Reflexión final

A través del Kendo sigo confirmando algo una gran lección de vida: que lo que más satisfacción nos da en la vida no es lo fácil, sino aquello en lo que hemos invertido nuestro esfuerzo, tiempo y energía.

Si alguna vez sientes que no avanzas en lo que estás aprendiendo, haz este ejercicio:
Piensa en cómo eras en tu primera clase y compáralo con hoy. Verás que sí has mejorado.

Así que si estás en ese punto en el que crees que no progresas, recuerda:
La paciencia y la perseverancia siempre darán frutos. Solo tienes que vencer a la persona que fuiste ayer.

Ahora te pregunto a ti:

📌 ¿Has experimentado este tipo de sensación al aprender algo nuevo?
📌 ¿Cómo manejas la impaciencia cuando sientes que no avanzas?

Déjamelo saber en los comentarios. ¡Me encantaría leer tu experiencia!

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