El comienzo de un nuevo año siempre viene cargado de simbolismo y renovación. En Japón, esta energía de los nuevos comienzos se refleja en muchas tradiciones que incluyen el prefijo «hatsu,» que significa «primero.» Una de estas tradiciones es el Hatsu-Geiko (初稽古), la primera práctica del año en disciplinas como el Kendo. Esta experiencia no solo marca un momento significativo en el camino del practicante, sino que también establece el tono y el espíritu para los meses que vendrán.

Qué es Hatsu-Geiko

«初» (hatsu) significa «primer,» y «稽古» (geiko) significa «práctica» o «entrenamiento.» La combinación de estos caracteres refleja el acto de comenzar algo nuevo con determinación y enfoque. En Japón, el concepto de «hatsu» aparece en varios contextos al inicio del año: hatsu-hinode (primer amanecer), hatsu-yume (primer sueño), y hatsu-uri (primer venta). Estas «primeras veces» son consideradas especiales, una oportunidad para romper la rutina y comenzar con energía renovada.

En el contexto del Kendo, Hatsu-Geiko es una práctica que muchas veces se lleva a cabo el 1ro de enero. Este ritual no solo refuerza el compromiso del practicante con su entrenamiento, sino que también es una forma de purificar el cuerpo y la mente, renovando la dedicación a los valores fundamentales del Kendo: disciplina, respeto y perseverancia. En nuestro dojo, Hatsu-Geiko es una tradición muy especial, un evento que simboliza el espíritu de la comunidad y la importancia de comenzar el año con fuerza y determinación.

Nuestra Primera Experiencia en Hatsu-Geiko

Este 1ro de enero, mi hijo y yo tuvimos el honor de participar por primera vez en Hatsu-Geiko. Desde el sábado anterior, ya había escuchado rumores de una práctica especial, pero pensé que sería solo para los estudiantes más avanzados. Grande fue mi sorpresa cuando recibimos un mensaje de nuestro sensei invitándonos a participar. Este gesto me llenó de gratitud, pues sabía que esta práctica no solo incluía a los avanzados, sino también a los principiantes como nosotros.

El ambiente en el dojo era especialmente solemne y fraternal. Cada uno de nosotros mostró nuestros mejores modales y etiqueta de Kendo. La sorpresa más grande del día fue para mi hijo: senpai Rosado le obsequió su primer kendo-gi y hakama. Ver su alegría fue indescriptible. Más tarde, en casa, mi hijo me dijo que sentía que este uniforme llevaba consigo la energía y el esfuerzo de su senpai, algo que ahora él heredaba con gratitud y honor. Como madre, este momento me conmovió profundamente.

La clase estuvo dirigida principalmente por Atagi Sensei, un invitado especial que viajó desde Idaho para compartir su experiencia. Fue una práctica intensa, caracterizada por movimientos rápidos y explosivos. Los principiantes practicamos ejercicios similares a los habituales, pero con un mayor grado de rapidez y complejidad. Mientras tanto, los avanzados ejecutaban «wazas» de alto nivel y tenían la oportunidad de combatir tanto con los sensei como entre ellos. Fue impresionante presenciar el nivel de destreza y entrega de los kendokas más experimentados.

Reflexiones de una Madre y Practicante Novata

Lo que me encanta del Kendo es que no solo es una práctica física, sino también espiritual. Participar en Hatsu-Geiko fue una experiencia rica en lecciones, tanto para mi hijo como para mí. Aunque no sabía qué esperar, me entregué a la experiencia con mente abierta. Eso sí, cometer errores fue inevitable. Afortunadamente, en nuestro dojo siempre hay una actitud de paciencia y guía que hace que el aprendizaje sea menos intimidante.

Una de las lecciones más importantes que aprendí ese día fue «simplemente hazlo.» Mi hijo, al notar mi duda y falta de reacción en algunos ejercicios, me animó diciendo: «No te detengas, mamá. Solo hazlo. No pasa nada si te equivocas.» Sus palabras me ayudaron a salir de una mentalidad contraída y negativa. Al final de la clase, un senpai reafirmó esta idea: «El propósito de Hatsu-Geiko es darlo todo, no detenerse hasta que ya no puedas más, porque con esto establecemos el espíritu para el resto del año.»

Esa noche, reflexionando sobre la clase, me topé con el concepto de «shikai» o los cuatro males en el Kendo: sorpresa, miedo, duda y confusión. Estos estados mentales pueden obstaculizar el desempeño tanto en el dojo como en la vida diaria. Superarlos requiere desarrollar «fudōshin,» una mente inamovible capaz de mantenerse calmada bajo presión. Este es un ideal al que espero acercarme con el tiempo y la práctica.

Siempre he creído en el poder de los rituales de año nuevo para establecer intenciones y propósitos claros. Para mí, Hatsu-Geiko marcó el inicio oficial de mi camino en el Kendo. Este ritual me hizo enfrentar mis propios shikai y me enseñó que el Kendo no solo es una disciplina de combate, sino también una filosofía que promueve el crecimiento personal.

La experiencia de Hatsu-Geiko fue intensa, desafiante y profundamente significativa. Me llenó de gratitud hacia mi sensei, senpais y mi hijo por sus palabras y apoyo. Este evento no solo reforzó mi compromiso con el Kendo, sino que también me dio una perspectiva renovada sobre cómo enfrentar los desafíos con valentía y perseverancia. Si algo aprendí, es que el mundo pertenece a los valientes. En el Kendo, como en la vida, no siempre gana el más fuerte, sino aquel que tiene el valor de seguir adelante.

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